octubre 26, 2012


Diligencias
 para una construcción 





A mi ancianito de días…
A el anciano de días…





Durante algún tiempo mantuve guardada una variedad de cosas, hasta que un buen día decidí tomar bolsas plásticas transparentes para  hacer una clasificación.  Esa actividad resultó en  montones que luego  etiqueté. En el primero reuní referencias en texto e imagen sobre mis padres. En el segundo puse imágenes de casas en construcción, casas habitadas, materiales de construcción, casas en ruinas, fragmentos de ladrillo, pedazos de baldosa, escarapelos de pintura, hierros,  dibujos de planos para construcciones futuras, y muchos materiales para hacer instalaciones eléctricas con una taxonomía de contadores. El tercero contenía  fotografías de partes del cuerpo, dibujos de anatomía  además de autorretratos. En el siguiente había objetos cotidianos para usar en la casa, muchos de ellos objetos de primera necesidad, en especial cosas que se encuentran en la habitación o en la cocina. La fotografía de una cobija,  de un poquito de sal,  de una porción de pan, de un jabón y  una mesa son algunos de los que recuerdo. En el quinto aparté toda imagen o fragmento de una superficie que presentara alguna fisura o índice de uso (raspado, quebrado, viejo, etc.), acompañado de algún material que pudiera ayudar a su restauración. En el siguiente montón metí  referencias del tiempo, relojes, calendarios, una imagen de un animal que se llama Efímera y retratos de niños, jóvenes, adultos y el de mi abuelo. En realidad eran registros de la textura cambiante de la piel. En otro puse  los escritos que había hecho sobre las descripciones  de las superficies que guardaba y los pensamientos al respecto. Estas clasificaciones las guardé en una caja de cartón amarrada con fibra, similar a la de los envíos de mercado, y ésta,  a su a vez, fue metida en lo más recóndito del depósito de la casa.
Sin embargo la cargaba en mi mente todo el tiempo. Al desayunar, al salir y entrar, mientras estaba en el bus, mientras llegaba a la casa…

*

Por esos días recibí una llamada que aligeró bastante mi carga. Habían pasado varios años sin ver  a D. Él vivía más o menos a cuatro horas de aquí, donde la lluvia mejora el aspecto de los árboles de su solar. Me contó que había plantado una mata de tomate, cañas de azúcar, una de curuba y un puñado de aromáticas. Que la lluvia caía intermitentemente sobre las hojas mientras hablábamos, que él estaba  tomando jugo de mora con pan y  que veía el agua humedecer las superficies, lo cual  permitía  ver más intensamente  su color local.
 Finalmente llegó un  día de julio con un atardecer impresionante. Se instaló en una habitación bien pequeña y trajo consigo una maleta con ropa, algo de comida y una caja pequeña de cartón que cuidaba celosamente. Quería conocer algo de la ciudad y  lo único que sabía era que la ruta de un bus azul terminaba donde su hija.
 Comenzamos  a caminar  sin dirección alguna pero con la seguridad de que debíamos volver a la casa en la tarde. Durante  las caminatas evitábamos las espaciosas avenidas y preferíamos atravesar los conjuntos de casas y calles sin tanto ruido, más propicios para discutir acerca de nuestro proyecto. No teníamos mucho tiempo, debíamos tomar decisiones y acciones ágiles. Queríamos ver la construcción lo más pronto posible, pero sabíamos que con el tiempo tendríamos que ir ajustando detalles.
Por  las calles que pasamos vimos personas muy tranquilas a juzgar por su ritmo al caminar. Nos preguntábamos sobre toda la gente que sale a trabajar, sobre el objetivo  con que lo hacen. Pensábamos en el afán de los días, discutíamos sobre los sueños y las estrategias para conseguirlos. La ropa de las personas era muy colorida; colores vivos atravesaban las calles. También vimos mucha gente con las manos en los bolsillos, nos preguntábamos cuántos de ellos estarían sintiéndolos. Vimos a unos niños jugar y gritar al lado de la  cama de un perro. Comentamos que el barrio parecía una familia que se hospedaba en la cima de la montaña desde donde vimos la ciudad en aparente quietud.
Las casas eran chiquitas y compuestas de retazos, las cercas con láminas naranja del óxido y un azul que no supimos de donde salió. La gente se mostraba relajada  sin el afán egoísta de la ciudad. Parecían percibir el tiempo de otra manera. Al entrar al cuarto de una de las casas, vimos al fondo a un niño sentado en una silla enorme, era mono y tenía una ruana de lana azul a cuadros  con unas migas de pan en el pecho.
Parecía una unidad, una composición más o menos estable que se levantaba sobre la montaña y que muchos habían construido. La materialización de ideas que seguramente surgieron de un lápiz sobre algún pedazo de madera. D me comentó que él alcanzó a conocer la sal que llegaba en bloques grandes,  así como la panela. Pensamos en ese recuerdo de D porque nos pareció que guardaba similitudes con el barrio. Pesado, concreto, estable, gris, blanquecino, terroso. En ocasiones desportillado, quebrado en alguna esquina.
Pero si uno mira al siguiente barrio, es el fragmento el que no encuentra su origen y  que de manera recursiva busca permanecer y de pronto llegar a una “cuadrantes”. La vida fragmentada en la ciudad es el habitáculo que alquila, que aún conserva y quiere mantener la potencia para que no se pulverice. La vida que se mantiene  gracias a su destrucción, las lágrimas que son sanidad.
Esta cuestión rondó varios días nuestras cabezas, por no decir que todos ellos,                                                     y no encontrábamos palabra o imagen que la representara. Llegamos a casa a eso de las seis de la tarde como habíamos quedado, preparamos unas onces y nos dispusimos a descansar.

*

Otro día D quiso ir a cortarse el cabello donde su hija, el punto donde termina la ruta del bus azul. Su cabello parecía algodón húmedo cuando le rociaban agua y  comentó que sólo su hija podía arreglárselo.
Al salir de allí nos dedicamos a recoger pedazos de madera o laminas en general, algunas de ellas llevaban una puntilla incrustada, tenían cortes irregulares y estaban desportilladas. La lluvia, el sol, el viento y el polvo le daban un gris particular. D me contó acerca de un espacio que él  había construido. Era un espacio cuadrado con chinchorro, silla mesa y frutas, cercado por cortinas y telas en la parte trasera del solar. Cubrío el techo con el plástico grueso que estancaba la caída libre de las hojas del árbol de encima, que cuando estaba en el chinchorro dejaba ver las siluetas de las hojas que se componían por el gris, la luz del sol y la forma de la hoja.
Ese día terminó  como a las siete de la noche ya en la casa. Habíamos conseguido recolectar los fragmentos que necesitábamos para la construcción del espacio. Seguimos discutiendo acerca de esos objetos y escribimos unas descripciones detalladas de sus características. Uno de los dos tomaba el objeto en las manos y empezaba a dictar la descripción sin omitir detalle, mientras  el otro iba tomando nota hasta terminar.

*

Recuerdo  un espacio en la casa de D. Recuerdo verme en medio de muchas cosas guardadas, ver el archivador de alguien que construye cosas. Es el lugar más especial que he visto. Medía más o menos cinco metros por cuatro, tenía en el rincón derecho una mesa blanca bastante vieja con su base raspada y amarilla. Encima había un lápiz, un libro, una libreta, un ropero, telas café, naranja y azul, las maderas  y  las laminas de las que tanto hablaba. La mayoría recargadas contra la pared, así como aparecen en las pinturas de Cárdenas, donde él aparece posando  para su cámara en medio de papeles, muebles, cuadros y formas cuadradas.         Había un archivador. Era uno lleno de carpetas que contaban con índices la historia de los papeles; historia registrada de papeles en papeles. La primera gaveta tenía papeles amarillos, como documentos o cosas así. No puede leer nada de lo que decían, sólo leer los índices de su existencia. Tenían muchos colores, pinturas involuntarias que él voluntariamente quiso guardar. En la segunda había cartones, cajas rotas que se querían volver a utilizar, estaban con cintas y pegamentos. Y una tercera gaveta con papeles totalmente nuevos, eran perfectos, de calidades y tamaños variados de enceguecedora limpieza. Ninguno tenía pliegues que permitieran   pensar en incidentes.
Él consideraba que cada gaveta contenía un momento  diferente de la materia, el primero como algo volátil, inestable e indefinido. El  segundo como algo  incomodado, perturbado, tratado, y el tercero algo construido y  organizado.
Establecimos una relación con la intención de permanencia que él le estaba otorgando a esa materia por medio del proceso al que el fragmento fue sometido. Esa necesidad por recuperarse, por prolongar los días de su estadía, de su utilidad.  









El mismo cuerpo también se relaciona con esa intensión. El cuerpo que está solo, que se cansa, que duerme, que se alimenta, que sueña, que se corta, que sabe que morirá. La vida fragmentada que quiere recogerse  y componerse  de manera recursiva, pegando, amarrando, sujetando, doblando, organizando, procurando, diligenciando, fijando.

*

D decía que si el marco se hubiese construido solamente con pegante sería mucho más inestable, una construcción superficial y mentirosa. Prefería que la madera sintiera el penetrar de la puntilla, que en el  dolor era donde se fortalecían las bases. Las bases para la construcción de una casa, las vigas, los ladrillos, todo dependía de la estructura, la firmeza, la potencia, la energía.
A las dos de la tarde ya habíamos almorzado pero quisimos comer pan recién horneado con chocolate. Luego de reír un buen rato recordando las anécdotas en el campo, empezamos la tarea de medir, de organizar, de limpiar y de analizar el espacio y las paredes. Hicimos la  lista de los materiales. D decía que si no estaba el espacio arquitectónico no estaba lo demás, ni las cosas ni el usuario, y me mostró la colección de fotos de cambuches que tomaba por ahí.
Terminamos ese día y el sudor se había mezclado con la sangre de las ampollas ocasionadas por el oficio. El cuerpo encontró una cama caliente. Yo miraba a D descansar desde el corredor que lleva a su habitación, alcanzaba a escuchar en medio del silencio su respiración. Ya sabía lo irremediable de su condición.

*

D, se fue.
El sol estaba más brillante que nunca. Él me había dejado muchas instrucciones y yo solo  pensaba en el olor a pintura, en los colores de los materiales de construcción, en los palustres, las brochas los dibujos. Quería  tomarme una sopa caliente con arto cilantro y fui a la tienda en busca de las verduras.  Al salir de mi habitación vi que  estaban pintando toda la cuadra de blanco. El estallido de la luz solar sobre las paredes era enceguecedor  y me acordó de la limpieza de los papeles en el archivador. Había cartones por todo lado, chorreones y materiales.
Yo estaba definitivamente dispuesto a construir algo pequeño ahí mismo dentro de mi habitación,  quería algo blanco pero no perfectamente cuadrado, algo ensamblando, que luego pintaría e instalaría  con  una lámpara. Un lugar donde el cuerpo quepa  cómodamente.
Me acosté y ese trabajo quedó sin finalizar.

*

Esa imagen del pintor. El acontecimiento de pintar y de estar presente mientras se va dando. El pintor de casas y el olor a pintura fresca se construye en el espacio contundente del personaje de brochas, pinceles y el tarro de pintura sin tapar. Él, que con la materia gris  concluye su trabajo, antes de que la pared este lista pasa por distintas tonalidades, entendiendo que el color del concreto varía paulatinamente mientras se rosea con agua para que seque más rápido y a la vez cobre mejor dureza. Luego de que la obra gris está finalizada se empieza a perseguir el blanco total que va apareciendo a rastro de rodillo, que oculta esa gama grisácea anterior. Posteriormente la obra blanca está terminada y es momento de decidir los colores con los cuales se expondrán las paredes a los días. Y finalmente luego de terminar la tarea, el pintor toma agua limpia de un balde de construcción y le dice a su hijo: “las manos deben empezarse a lavar desde el antebrazo y se deben frotar muy bien para que el agua salga oscura y espesa”
Me acosté y ese trabajo quedó sin finalizar.







  


Proyectos realizados. 
   
Dominante

Este dibujo se realizó con pigmento en polvo que según la etiqueta era negro. Al frotarlo sobre la pared se veían capas con variaciones de opacidad  que resaltaban la información de la textura en la pared.
Se tomaron  las medidas de la ventana que estaba al frente de la pared blanca, en ella se hizo con  cintas de enmascarar un cuadrado tomando como base  la medida de  la ventana. Luego se esparció el polvo hasta rellenarlo. Se quitaron las cintas y quedó ahí  por varios días.
El dibujo se iba modificando gracias al contacto con los que pasaban por el lugar.








Proyecto para “Dominante” (maqueta, dibujos y texto)


  
Registros de “Dominante”



Registros de “Dominante”





Registros de “Dominante” días después de su realización 











Cenefa


Di la instrucción para que se trazara una línea a 1:20 cm del suelo.
 Después se pintó de gris de la línea hacía arriba incluyendo vidrios, techo y lo que estuviese colgado (cuadros, papeles, perchas). De 1:20 hacia abajo se dejó tal como está para que las manchas y accidentes se evidenciaran.



Proyecto para “Cenefa” (maqueta, dibujo y texto)



Registro de “Cenefa”



Detalle de “Cenefa”






  

Construcción para el cuerpo a base de partes y pintura

Este proyecto está pensado para el salón Gombrich. Consiste en una composición en la que se busca ensamblar láminas encontradas en el salón (tapas de sillas, mesas, tableros, tablas para pintar, alguna tela, etc.). No existe una idea exacta de la forma de la construcción pero su ejecución partiría de la necesidad de hacer un lugar para guardar el cuerpo. Su construcción se realizaría de manera espontánea y se pensaría durante el proceso acerca de su estabilidad y resistencia. El resultado sería una aglomeración de láminas geométricas ocultando una pintura blanca para acondicionar el espacio interior.     


 
                          
Vista externa “Construcción para el cuerpo a base de partes y pintura”




Detalle – entrada “Construcción para el cuerpo a base de partes y pintura”





Interior “Construcción para el cuerpo a base de partes y pintura”




Proyectos sin realizar. 


Las paredes pueden regresar a su condición inicial

Este proyecto está pensado para el salón Gombrich. Teniendo en cuenta las tres divisiones en la pared más larga del salón, generadas por las dos columnas que están a mano izquierda, se pretende realizar en cada espacio una intervención que mostraría,  en conjunto, el proceso que lleva a una pared a su condición inicial. En el primer espacio se vería una pared que se está cayendo, los fragmentos de pintura en el piso. En el segundo espacio aparecerían las capas de cemento o resina usadas para pañetar y finalmente, en el tercero, se vería la pared pintada de nuevo, como nueva. Al menos en su superficie.









Proyecto para “Las paredes pueden regresar a su condición inicial” (maqueta y texto)





Rampa

Este proyecto está pensado para el salón Fellini. Consiste en hacer una inclinación del piso hacía el techo. Se instalaría la estructura de una rampa en el espacio, de tal manera que encaje perfectamente a la medida de uno de los extremos del piso. Dicha estructura podría estar hecha con madera o metal y se cubriría con alfombra tal como se conoce habitualmente. Las personas que entrasen al lugar podrían, en algún momento experimentar un piso que se levanta para incomodar el cuerpo. El grado de inclinación deberá ser lo suficientemente alto como para cambiar la percepción del espacio.






Proyecto para “Rampa” (maqueta, dibujos y texto) 





Algunas lecturas, algunas películas, algunas obras. 


Lecturas:
. SMITHSON, Robert. Un recorrido por los monumentos de Passaic, Nueva Yersey 1967,  GGmínima.
. ARGILES. Sanchez Monica. Los límites de la Instalación, Una perspectiva desde el paradigma de la complejidad.
. BACHELARD, Gastón. Casa y Universo, Los Rincones, La poética del espacio. 5. Mexico. Fondo de Cultura Económica.
. KRAUSS. Rosalind. La escultura en el campo expandido, La Originalidad de las vanguardias y otros mitos modernos, Madrid. Alianza Forma.
. SONTAG. Susan. Objetos Melancólicos, Sobre la fotografía. Edhasa.
. GARCIA. Moreno Beatriz. De cómo la arquitectura y el cuerpo humano son inseparables. (Capitulo de revista de origen desconocido.)
. La Casa Natal y La Casa Onírica,  (origen desconocido)
. HEIDEGGER. Martín. Construir, habitar, pensar. Traducción de Eustaquio Barjau. www.artnovela.com ar.
. VASQUEZ. Roca Adolfo. Coleccionismo y Genealogía de la Intimidad. (Origen desconocido)
. SEVILLA. Godinez Hector. Fenomenología de la visión; sombras, espacios y velos de Merleau – Ponty a Derrida. (Resumen).  Universidad Iberoamericana, México.
. MASLACH. M Adolfo. La relación de Torres-García con la arquitectura, Joaquín Torres García, Sol y Luna de Arcano, Unesco Edición Especial.
. GOMEZ. Echeverry. Nicolás. GONZALEZ. E Juan Felipe. SERNA. L. Julián C. Carlos Rojas, Una visita a sus Mundos. Junio de 2008. Museo Nacional de Colombia.
. DUEÑAS. Danilo, Dejar sin título, Manuel Hernández,  Ministerio de Cultura. Bogotá. 


Peliculas:
. Komandarev Stephan. El mundo es grande y la salvación esta a la vuelta de la esquina,
(Película) 110 minutos. Bulgaria-Alemania-Eslovenia-Hungría /2008.
. Erice Víctor. El sol del membrillo (película) 139 minutos. España /1992.


Este proyecto se presentó el 17 de sep de 2011en la Academia de Artes Guerrero.

Bogotá, Colombia


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